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¿Cómo sé que soy necesario?  ¿Cuál es mi propósito?

¿Cómo sé que soy necesario?  ¿Cuál es mi propósito?

Recuerdo que desde muy joven yo me hacía grandes preguntas, de esas que difícilmente tienen una respuesta sencilla. Contaré una pregunta que me hacía, creo que a la de edad de 8 o 9 años, y lo haré para ilustrar lo vívida que era mi fantasía desde aquel tiempo. Yo solía encantarme con una biblioteca juvenil que había en casa de mi abuela materna y que contenía títulos como Robinson Crusoe, cuentos de Andersen quien fuera el padre del patito feo y uno de mis favoritos; Los viajes de Gulliver.

La pregunta difícil que yo me hacía entonces tenía que ver precisamente con este último título. Creía fervorosamente que esa historia de Gulliver, a veces gigante o diminuto, no era una fantasía ni cosa de la imaginación, supuse que tenía algo de real y de alguna manera pensaba que si cerraba mis ojos y hacía un gran esfuerzo podría cambiar mi tamaño según antojo. Además, el tema de la talla variable igualmente estaba bien ilustrado en las aventuras de Alicia en el país de las maravillas. Entonces la pregunta compleja sobre la fantasía humana: ¿Podemos hacer realidad las cosas que imaginamos?… ¿Qué es lo cierto y verdadero en aquello que nuestra mente fabrica?

Luego con el tiempo, ya con mayor madurez y experiencia, me pregunté un día por la razón de estar aquí. Así tal cual y escueta inquietud que comenté con mis compañeritos púberes del colegio, los cuales obviamente se burlaron de mí. Alguno tuvo la brillante idea de tajar por lo sano y decir que estamos aquí porque los extraterrestres nos pusieron. De este tema hay para bastante y yo me decante a lo largo de mi vida por un tipo de pensamiento más racional. Trato de conocer el mundo a través de los sentidos y la experiencia del ensayo y el error, no me encontrado todavía con estos extra terrenos para indagar del asunto, así que no los tendré en cuenta por ahora.
Esta historia la cuento así, porque hace unos pocos años estuve en un bosque secundario en recuperación. Se trata de un tipo de bosque que en algún momento ha tenido la intervención del ser humano, pero que a partir de cierto punto se le ha permitido que  recupere su propio equilibrio interno, su propia sabiduría, que se renueve con su propio poder de transformación.

El asunto interesante es que estos bosques tienen semillas que pueden llevar allí en el banco de semillas de suelo unos 200 años esperando el momento de salir a la superficie, de germinar, de ser parte de ese ecosistema. ¿Cómo sabe la semilla que es el momento de germinar? Esta sabiduría tiene que ver necesariamente con lo que es requerido por el bosque o con ese ecosistema para que recupere o funcione según la base de un equilibrio natural diseñado que es perfecto, armonioso y positivo para la vida. El bosque la necesita, la semilla germina. Sencillo.

La pregunta que me hice entonces cuando supe de este fenómeno y que me remite a esa pregunta de mi niñez, es si los seres humanos también venimos al mundo con esa sabiduría instintiva y natural de ser eso que es absolutamente necesario para mejorar y desarrollar nuestros entornos, ser armoniosos, buenos y positivos para la vida que nos rodea.

La respuesta es un enorme sí. La naturaleza sólo produce aquello que necesita, lo que necesita en determinado momento es lo que hay, lo que podemos ver y seguramente una magnifica cantidad de eventos y situaciones, procesos y otros de los que no nos enteramos porque no alcanzamos a comprender todo el cometido del mundo natural y salvaje en el que vivimos.

Somos parte de la vida y el hecho de que tu estés aquí bajo la premisa de que un proceso evolutivo te ha construido y traído a este espacio-tiempo a vivir y desarrollar un aspecto de la existencia, te hace absolutamente necesario e indispensable.

Entonces, ¿cómo sé de qué manera soy necesario? ¿Cuál es mi propósito?

La respuesta siempre pasa por el tema del autoconocimiento y el desarrollo de los dones individuales… la respuesta tiene que ver con tu propósito, porque lo más mágico de este asunto es que en cuanto descubres para qué eres bueno, cómo sirves a tu entorno, cómo es que lo que tú eres es bueno para ti mismo y para los demás, el círculo virtuoso se cierra y conoces por fin el significado profundo y genuino de la palabra más amada: felicidad.

La invitación: Imagínate haciendo algo que realmente amas hacer y que con este algo sirves a los demás, te sirves a ti mismo y colaboras a un propósito mayor que tu propia vida.

¿Verdad qué se siente bien?

Por Claudia Botero para Tuuls

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