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Sobre cómo evolucionaron nuestros cerebros y cómo pensamos los vertebrados

Sobre cómo evolucionaron nuestros cerebros y cómo pensamos los vertebrados

A todos se nos ha dicho, casi desde que tenemos memoria, que hay algo que se llama evolución de las especies y que esta sucede en una escala lineal, es decir, las formas inferiores evolucionan hacia las formas superiores. De esta manera, entendemos por ejemplo, que hay una forma ‘primitiva’ en los peces, que sigue a la de los anfibios, luego la de los reptiles, aves, mamíferos,  primates, hasta la cúspide que es el ser humano. Cada estadio o nivel de organización constituye, según esta concepción de la evolución, el paso o etapa necesarios para la consecución del nivel ‘siguiente’ y ‘superior’ y esta idea de lo inferior a lo superior, culmina en nosotros. Sin embargo, a la luz de la moderna biología, esta visión del planeta y las especies que en él habitan es inadecuada, antropomorfocentrista y equivocada.

Se sabe, por ejemplo, que los vertebrados no evolucionaron linealmente sino en forma de radiaciones, esto quiere decir que los vertebrados que vemos en la actualidad, son producto de una larga historia de diversificación y de ramificaciones de un programa común que sucedió hace mucho tiempo. A pesar de esta gran diversidad, también el cerebro de todos los vertebrados presenta patrones de organización muy conservados.

Vamos a ver lo que tenemos en común todos los vertebrados independientemente de si se trata de una musaraña, un pez o un humano:

–      Genes que especifican diferentes regiones cerebrales.

–      Procesos de desarrollo embrionario comunes.

–      Grupos celulares y sus conexiones.

–      Principales vías ascendentes y descendentes a nivel nervioso (Esto es las vías nerviosas-sensitivas que toman información del entorno y las que producen respuesta como las vías motoras)

–      Neuroquímica de los sistemas de neurotransmisión (¡A todos nos gusta la serotonina!).

–      Mecánica molecular.

De esta forma, el cerebro de cada una de las especies de vertebrados vivientes, incluyendo por su puesto el de los seres humanos, puede concebirse como una variación de un plan de organización originario y común. Por ejemplo, la variación de halcón tiene que ver con la especialización en número y forma de las células nerviosas que permiten la visión de precisión en caza al vuelo. El halcón tiene más y mejor adaptados conos y bastones, que son los receptores nerviosos sensibles al color y a la luz ubicados en el ojo del halcón y del humano. Mientas que la especialización del búho, tiene que ver con poder ver de noche, ya que es ave rapaz nocturna, es decir, las neuronas que perciben contrastes de luz-sombra son más especializadas en comparación con las de los seres humanos en ese sentido, pero en color, no estamos tan mal comparados con ellos.

El olfato en algunos mamíferos tiene adaptaciones increíbles en tamaño y eficacia, como es el caso del perro, que tiene unos 200 o 300 millones de receptores olfativos, mientras que en el humano solo hay 5 millones, unas 50 veces menos. En cuanto al olfato por ejemplo, los seres humanos tenemos características que apenas descubrimos y entendemos, como es el hecho de que parece que el atractivo sexual de una pareja humana en potencia,  puede estar determinado por una percepción que se da por el olor y que tiene que ver con qué tan parecidos genéticamente somos a nuestra pareja en cuestión en una relación inversa… es decir, entre más distancia genética – menos parecido- , mayor atractivo; Este es un mecanismo de la evolución para garantizar variabilidad. Pero el atractivo sexual generado desde el olfato por determinadas feromonas, es una característica presente en muchísimas especies, como una especialización para señalar disponibilidad y madures sexual entre otras.

No somos producto de una evolución lineal que ha dado  al ser humano como individuo en la cúspide de una cadena de evolución. Más bien, cada uno de los vertebrados presentes en el planeta en este momento, es una adaptación específica de un programa evolutivo general del cual provenimos todos los seres vivos de la tierra.

El hecho de que el ser humano haya desarrollado la capacidad de ser consciente, que puede ser definida grosso modo como la posibilidad de darse cuenta de sí mismo, de lo que uno mismo es, nos pone en el lugar privilegiado de entender cuál es nuestro programa evolutivo particular y de entender también, los otros programas o especializaciones de los otros seres vivos en su diferencia y en su parecido con el nuestro.

El hombre es entonces, hasta dónde sabemos  el único animal, ser vivo sobre la tierra, que puede ser él mismo, conocerse, entender qué y cómo siente, pero también, puede saber, imaginar y sentir cómo posiblemente sienten otros seres vivos sobre el planeta. Yo creo que esta es nuestra más grande y admirable adaptación, y que tiene que ver con la empatía, pero en principio, con que compartimos programas evolutivos comunes con otros vertebrados y por supuesto, también se relaciona con el hecho de que somos una parte, solo una parte, de un plan general que se da en unidad, algo más basto e increíblemente bello y poderoso que se llama la vida.

Por: Claudia Botero para Tuuls

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